Utiliza la regla de dos en los restaurantes.

Ordena cualquier entrada que quieras cuando salgas a comer, pero sólo toma otra cosas más. Por ejemplo, además de tu entrada, puedes optar por un refresco, una rebanada de pan, una copa de vino o un postre, pero no puedes tomarlos todos, al hacer esto con regularidad, naturalmente comenzamos a tomar mejores desiciones al comer.

Riesgo público de vergüenza.

Diles a todos que estás a dieta y será menos probable que caigas en la tentación. Tu orgullo terminará beneficiándote y te alentará a seguir persiguiendo du objetivo.

Reconoce tus momentos de debilidad.

Determina cuándo es más probable que cedas ante la tentación, luego utiliza este conocimiento como una ventaja. Una paciente obtuvo excelentes resultados al configurar su teléfono para que le enviará un mensaje cada día en su momento más vulnerable: después de la cena mientras miraba T.V. , el mensaje con la voz de su hijo de 6 años decía, “mamá no comas todos los dulces, ¡Guárdalos para mi!” envíate un recordatorio electrónico, o incluso pídele a algún familiar o amigo que te llame para ayudarte a mantener el rumbo.

Truco para comer menos.

Ciertos aromas, especificamente el plátano, la manzana verde y la menta, nos hacen comer menos al inducir una saciedad sensorial especifica. Básicamente, tu cerebro te dice que dejes de comer por que el olor te hace sentir satisfecho, otras estrategias son colgar un espejo frente a ti mientras comes para crear más conciencia del cuerpo y también comer en un plato azul, lo que hace que los alimentos se vean menos atractivos.

Evita multitareas durante las comidas.

Ten en cuenta cada bocado y trago, reconoce tu nivel de plenitud y satisfacción. Si pierdes el foco en tu comida corres el riesgo de comer en exceso. Eso significa no hablar por teléfono, no mirar televisión, no comer en la barra de la cocina mientras limpias.